Dramatic Sky and Sun Rays Background. Stormy Clouds in Dark Sky. Sunbeams Light and Moody Cloudscape. Toned and Filtered Photo with Copy Space.

Y tú, ¿vas a ser tormenta o sol?

Siendo pequeña, le detectaron amigdalitis. Solo podía ingerir líquidos, eso le provocó que su cuerpo se pusiera muy delgado. Se le marcaban los huesos y en su cara solo se marcaban las ojeras que le aparecieron. Fue operada y estaba feliz por poder comer como lo hacía el resto, pero no sabía que, después de aquel acontecimiento, su infancia iba a cambiar: la iban a convertir en una gran herida.

Empezó a ingerir alimentos sin control. Aunque no sintiera esa sensación de hambre, ella no podía parar, no tenía control sobre eso. Su cuerpo iba adquiriendo más masa. En su reflejo, ya no se veían huesos, ahora todo era ancho, y cada día se veía más. Pasó de ser un esqueleto a tener obesidad. Ahí, fue cuando empezó todo.

Sus compañer@s del colegio le hicieron comentarios, unos que solo serían el principio de su pesadilla. Cada día que pasaba, le hacían más burlas. Ir al colegio era un infierno para ella. El miedo se apoderó de ella y se encerró más en sí misma. Nadie paraba esa pesadilla. Sus padres hablaron con el colegio y la respuesta de este fue: “Solo son juegos de niños, no es para tanto y acabará pasando”, pero ya no solo eran comentarios y burlas, también llegó a la agresión física.

Su madre veía cómo cada día su hija se le moría y eso la mataba por dentro. Volvió a hablar con el colegio, pero ellos permitían que estás cosas siguieran pasando, “lleva a tu hija a un psicólogo” es lo único que dijeron. Todo iba a peor, le robaron la infancia feliz a una niña. Le provocaron una ansiedad social y, a día de hoy, le sigue aterrorizando las personas.

Ella pensaba que era por su cuerpo y ahí comenzó otra pesadilla. En su cabeza, solo se repetían aquellas voces que la dañaban y la comida ya no era su amiga. Corriendo iba al baño. Se introducía sus dedos por la garganta, provocando un sabor amargo que pronto acababa fuera de su cuerpo y con él, todos los alimentos que, un rato antes, habían sido devorados. Su familia, desesperada, no sabía cómo ayudarla, se les estaba yendo.

Y ella, lo intentó. Vio, encima de la mesa, su posible salvación. Su filo era fino, en él se reflejaba la libertad que tanto anhelaba. Estaba dispuesta a perderlo todo, pero no fue capaz de traspasar su piel. Pasó el tiempo y todo seguía igual, pero una noticia inesperada lo cambió todo. En el vientre de su cuñada, había una pequeña personita. Iba a ser tita. Esa personita que aún no había conocido fue su angelito. Ya no le importaban las burlas. Había encontrado su fuerza. Y, poco a poco, todo fue acabando. Volvió a sentirse viva.

A esa niña se lo robaron todo, tuvo una infancia complicada, pero… ¿no dicen qué después de la tormenta sale el sol? Esta historia no es tuya, pero pasa todos los días. No somos conscientes de que las palabras hacen heridas y, aunque pasen años, nunca dejarán de doler. Una pequeña acción puede cambiar la vida de una persona. Y tú, ¿vas a ser la tormenta o el sol?


Quiero dar un agradecimiento a Claudia Sánchez, antigua profesora de este centro. Gracias a ella puedo contar mi historia. 

Anónimo

Redactor Junior

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