Suen(ñ)an campanas

Repaso de un año

Melanie García Cotón

El 31 de diciembre de 2021, al terminar de comerme las uvas, me dije a mí misma que este sería mi año, pero jamás me imaginé cómo sería el nuevo año, todas las cosas que me tocarían vivir. Defino mi 2022 como doloroso, tanto físico como mentalmente.

Este año he querido comerme el mundo y, en ocasiones, que el mundo me comiese a mí.

He sentido infinitas ganas de vivir, pero también de morir. He tenido momentos en los que he creído no poder más, en los que he querido tirar la toalla. He dialogado durante días y horas con mis demonios. He remado en direcciones que no eran las correctas. Me he culpado y perdonado a la vez por ello. He aprendido a valorar cada soplo de aire, cada mirada, cada gesto y cada abrazo. He descubierto dónde venden paciencia. Durante mucho tiempo, me ha desesperado dónde encontrarla, comprarla o fabricarla y resulta que estaba dentro de mí y, ¿cómo la he encontrado?, a bases de hostias. Qué maravilla que ahora puedo comprarla al por mayor y de forma ilimitada.

Reconozco claramente a las personas que me quieren con el corazón y, aunque me haya sentido sola, he aprendido a saber que no lo estoy. Las personas que me quieren son lo más valioso que tengo en mi vida y suena a tópico, pero sin esas personas más de una vez habría caído en picado. El tiempo todo lo cura, pero tienes que hacer por curarte.

Me he dado cuenta que dentro de cada uno de nosotros reside una fortaleza inmensa y que siempre se puede un poco más. También, he aprendido que los pequeños pasos, al final, son los más grandes y los que más lejos te llevan.

Este año sin duda ha sido mi año tal y como quería, pero no como imaginaba. Un año lleno de dolor y de aprendizaje.