Ansiedad

¿Qué me pasa?

Es difícil controlarse a uno mismo y es un asco. Miras nerviosamente a tu alrededor y solo ves surgir aquella figura negra, oscura y humeante que te persigue hasta en los sueños convirtiendo tus noches en infiernos. Solo quieres correr a un lugar seguro. Escondido, nadie puede hacerte daño. Te arrinconas entre las esquinas de las paredes y te proteges con tu propio cuerpo que sientes como tiembla. La cosa negra se transforma en tu miedo, en tu inseguridad, y te grita, te golpea, te ataca haciéndote sentir pequeño e incapaz de vencerle. Intentas gritar, pero sientes el nudo en la garganta y las palabras no hacen ruido, no consiguen salir. Sientes las manos frías, las gotas de sudor caen lentamente mezclándose con las lágrimas por las mejillas sin control, mientras los hormigueos recorren tu cuerpo. Es asfixiante, el aire se vuelve insuficiente para tus pulmones, sientes ese dolor en el pecho y el corazón se acelera haciéndote sentir que en cualquier momento va a dejar de latir. Tu mente empieza a ir más rápido que la vida, te provoca un dolor que llegan a los mareos. Es un duelo con la mente, sintiéndote un puto enfermo, cansado del pesimismo, de hacerse daño a uno mismo, sentir como caes en el abismo. Repites en tu mente lo que ellos te han dicho, gritas y suplicas para hacer que esa cosa desaparezca. Para hacer que se vaya. Y poco a poco piensas en el mar y sus olas. Y la cosa desaparece. Y tú miedo con él. Ya estás mejor.

Melanie Natalia García

Redactor Junior

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